Lucifer: una reflexión en torno al nihilismo-hedonista
- Dialéctico

- 3 dic 2025
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§1. Lucifer, el ángel más bello de todos, anhelaba el trono de Dios, porque creía que podía y debía reinar mejor, como si pudiera y debiera haber algo mejor que el bien en sí mismo, es decir, que Dios; pero no lo hay, porque el bien en sí mismo es el principio, el medio y el final de la totalidad, es decir, es la medida del todo en la que la dualidad ilimitada del más y del menos luciferinos halla su solución e integración.
§2. Así que, como Lucifer jamás comprendió los límites de su propia esencia, al hallarse obnubilado por la arrogancia de lo ilimitado, pronto perdió sus bellas alas y cayó estrepitosamente desde la cima de lo ultraceleste hasta el fondo de lo infraterrenal.
§3. Sin embargo, luego de su estruendosa caída, Lucifer se levantó y logró escalar hasta la tierra que media entre lo ultraceleste y lo infraterrenal, a saber, la tierra de los seres mortales, nuestra tierra. Entonces fijó su mirada hacia lo ultraceleste, e intentó batir infructuosamente sus maltrechas alas para vengarse de Dios.
§4. No obstante, tras miles de años tratando de ascender a su antigua morada, los ojos vengativos de Lucifer se enrojecieron, ya que, por su obsesiva testarudez, nunca durmió, mientras que sus miembros se enflaquecieron, ya que, por su intensa rabia, nunca comió.
§5. Conque así, con hambre e insomnio, pasaba los días y las noches Lucifer, el bello afeado, hasta que, de manera repentina e inesperada, halló una nueva e inhóspita "morada", a saber, los pantanos fangosos de las bajezas inhumanas.
§6. En efecto, en lo peor de lo peor de nosotros se revuelca el infeliz de Lucifer, allí en donde el nihilismo, es decir, la falsa creencia de que se puede y se debe vivir sin lo divino, se mezcla ilícitamente con el hedonismo, esto es, la falsa creencia de que se puede y se debe vivir con lo placentero, sin importar si éste es bueno o malo.
§7. Allí, en esta mezcolanza, cuyo verdadero nombre es 'nihilismo-hedonista', mora Lucifer, ahora con sus miembros hinchados y con sus ojos aperezados, pues no para de alimentarse con nuestras inhumanas bajezas que lo hacen engordar y, a su vez, caer en un soporífero estado de pereza permanente.
§8. ¡Vaya inquilino indeseable se ha ganado la humanidad! Empero, para nuestra buena fortuna, contamos con la dignidad y la potencia propias de la dialéctica: el único método digno y capaz de darle una patada en el culo al diablo y expulsarlo de un plumazo de nuestra fértil tierra nutricia pervertida en estéril pantano fangoso por el nihilismo-hedonista.



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