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La antigua inquina entre poesía y filosofía

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    Dialéctico
  • 1 dic 2025
  • 19 Min. de lectura

§ 1. Al amanecer, la poesía nació con Homero y, con ella, cantaron los pájaros de llamativo plumaje colorido, los poetas.


§ 2. Al atardecer, cuando estos variopintos pájaros, cansados de tanto poetizar, se fueron a dormir, la filosofía nació con Platón y, con ella, pensaron los mochuelos de sobrio plumaje pardo, los filósofos.


§ 3. Al otro día, los poetas llamaron "perras frívolas que ladran" (Platón, Leyes, 12.967c8–d1) a los filósofos, porque estos criticaron los cantos inmorales de aquellos; y desde entonces comenzó lo que ahora conocemos como "la antigua inquina entre filosofía y poesía” (República, 10.607b5–6).


§ 4. En la actualidad, esta inquina se ha transformado en la triple desavenencia entre ciencia, filosofía, y literatura. En efecto, desde abajo, los literatos atacan pasionalmente a los filósofos, por moralistas, desde arriba, los científicos atacan estadísticamente a los filósofos, por inexactos, y desde el medio, los filósofos critican racionalmente, por un lado—el izquierdo—, a los literatos, por inmorales, y, por el otro lado—el derecho—, a los científicos, por reduccionistas.


§ 5. Dejemos de lado la actual desavenencia entre ciencia y filosofía; y concentrémonos en la antiquísima inquina entre literatura y filosofía.


§ 6. Conque esta es una inquina inacabable, porque la literatura, siempre que renace, por ejemplo, a través de la pluma de Gabriel José García Márquez, va a operar de la misma forma que operó Homero, el primer literato, esto es, cantándole a los placeres y a los dolores humanos, sin importar si estos o aquellos son falsos o verdaderos, ya que lo crucial es estremecer y conmover, sea como sea, el corazón humano, así como lo hace García Márquez con su novela ‘Memoria de mis putas tristes’ (2004), en la que romantiza una relación pederástica entre un escritor de 90 años con una niña de 14 años—más adelante expondremos con más detalle este aberrante caso (§ 12.)—.


§ 7. Ante esta manera bruta de operar de los literatos con el logos humano, que culmina, casi siempre, en la justificación y posterior normalización de todo tipo de inmoralidades, siempre renacerá un filósofo o una filósofa que criticará esta brutalidad mediante la forma buena de operar con el logos humano, perpetuando, así, la inquina entre literatura y filosofía, pues la mayoría de los literatos no estarán dispuestos a aceptar dicha crítica, debido a que, para ellos, la literatura debe ser totalmente libre, hasta para decir lo indecible, si no es así, la literatura no tiene ningún sentido; y esta es su defensa última.


§ 8. Para nuestro infortunio, la mala literatura ha conseguido defenderse o, mejor dicho, evadir la responsabilidad de la crítica de la buena filosofía, debido a la efectividad persuasiva de su evasión, o defensa última, que parte de la confusión que hay entre libertad de expresión, o el morderse dolorosamente la lengua para no decir lo injusto, lo feo, y lo falso, en síntesis, la inmoralidad del mal, y el libertinaje de habladuría, o el soltar placenteramente la lengua para decir hasta lo indecible, esto es, la inmoralidad del mal, cuya retorcida raíz—la de esta confusión—se halla, a su vez, en la indiferenciación entre la idea de la libertad en sí misma y su fantasma, esto es, el libertinaje. Conque por esto es tan efectiva y persuasiva la defensa última de la mala literatura, pues no hay nada más efectista y persuasivo que lo que nos produce placeres intensos y nos evita dolores desgarradores, y esto es precisamente lo que logra el libertinaje de habladuría y sus injustas y feas mentiras; pero no nos autoengañemos, lo mejor es asumir los dolores verdaderos y evadir los placeres falsos, tal como lo hace la libertad de expresión, pues sólo así seremos realmente libres al abrazar la justa y bella verdad.


§ 9. Ahora bien, si la buena filosofía tiene como aliada a la verdad que brota de la libertad de expresión, ¿por qué la mala literatura sigue saliéndose con la suya si tiene como secuaz a la mentira que exuda del libertinaje de habladuría? ¿No se supone que la verdad es más poderosa que la mentira? Mas, ¿por qué estamos hesitantes? Expresémoslo con libertad y sin hesitación alguna: no es un supuesto, es una realidad: la verdad es más poderosa que la mentira y, al final, ella siempre se alza con la victoria. No obstante, la verdad, siendo ella auténticamente inolvidable, suele caer en un olvido paradójico con la muerte de los seres humanos más destacados que en vida lograron captarla y divulgarla, los llamados ‘dialécticos’; y es por este olvido paradójico que la falsedad vuelve a infiltrarse de manera inesperada tanto en la psique como en el cuerpo de los seres humanos, escurriéndose por la vulnerabilidad que se abre durante su acontecer.


§ 10. En efecto, mientras dicho olvido paradójico acontece, las nuevas generaciones de seres humanos se hallan preocupadas rememorando la verdad auténticamente inolvidable mediante la educación—que es, como decía Heráclito, “otro sol para los educados” (R112 (B134) Gnomol. Vat. 743 n. 314)—, con la esperanza de que vuelvan a nacer entre ellas seres humanos dialécticos, destacados, y poderosos, que restauren el reino de lo verdadero; y es justo durante esta espera que se abre una vulnerabilidad que permite la instauración de la tiranía de lo falso, sobre todo—y esto sí que es sorprendente, tal como Platón ya lo había descubierto hace 2400 años—, a través de la mala literatura, que cuando es potenciada con la música, siempre medida, decorosa, y verdadera, ya sea en canciones, ya sea en series, ya sea en películas, ya sea en videojuegos, realiza el daño psicosomático más grande que puede soportar el psicosomatismo humano, a saber: la justificación y posterior normalización de la inmoralidad del mal.


§ 11. Retomemos, pues, nuestro anterior ejemplo sobre la romantización de la pederastia que acontece en la novela ‘Memoria de mis putas tristes’ de García Márquez, para exponer con mayor claridad y precisión en qué consiste la inmoralidad del mal que la mala literatura justifica y normaliza por no escuchar la crítica de la buena filosofía.

§ 12. García Márquez comienza su novela con la siguiente declaración escandalosa, propia de un autor decadente que busca ser nuevamente relevante: “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen” (García Márquez, 2014, p. 9). Estas son las palabras del personaje ‘Sabio Triste’, columnista del periódico mágicorealista ‘El Diario de La Paz’ de Barranquilla, una explícita máscara de García Márquez, que fue columnista del, ya no mágico, sino muy real, periódico ‘El Heraldo’ de esta misma ciudad.


§ 13. Pues bien, más adelante, Sabio Triste nos desvela que en el pasado ya había satisfecho sus deseos pederásticos, pues nos narra la vez que violó analmente a su trabajadora doméstica, Damiana, que era “casi una niña, aindiada, fuerte y montaraz” (2014, p. 17). Estas son las palabras que describen dicha violación: “Presa de una fiebre irresistible se la levanté (la pollera) por detrás, le bajé las mutandas hasta las rodillas y la embestí en reversa. Ay, señor, dijo ella, con un quejido lúgubre, eso no se hizo para entrar sino para salir” (p. 17). Pero esta no fue la única vez que lo hizo, pues de inmediato nos confiesa que violaba analmente a Damiana cada mes, comprando su silencio mediante el aumento de su salario.


§ 14. Así que, para volver a sus viejas andanzas, Sabio Triste contacta a Rosa Cabarcas, una proxeneta, para que le cumpla, otra vez más, sus más bajos instintos, y ella, se los cumple: “Encontré una pavita mejor de la que querías, pero tiene un percance: anda apenas por los catorce años. No me importa cambiar pañales, le dije en chanza sin entender sus motivos.” (p. 21).


§ 15. Conque la romantización de la pederastia que acontece en la novela ‘Memorias de mis putas tristes’ de García Márquez avanza de manera insospechada y paulatina cuando el autor nos narra cómo Sabio Triste se “enamora” de Delgadina, la niña de catorce años, víctima de explotación infantil, que la proxeneta Rosa Cabarcas le consigue a su inmoral cliente.


§ 16. A continuación expondremos y, a su vez, comentaremos algunos pasajes claves que nos desvelan dicha romantización:


§ 16.1. “No había escapatoria. Entré en el cuarto con el corazón desquiciado, y vi a la niña dormida—había sido drogada por la proxeneta—, desnuda y desamparada en la enorme cama de alquiler, como la parió su madre” (p. 28).


§ 16.2. “Tratando de no despertarla me senté desnudo en la cama con la vista ya acostumbrada a los engaños de la luz roja, y la revisé palmo a palmo.” (p. 30). Más adelante, Sabio Triste se jacta de confesarnos que no había penetrado a la niña porque, después de violarla con sus manos, había descubierto “el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una mujer dormida sin los apremios del deseo o los estorbos del pudor” (p. 32). Más adelante, Rosa Cabarcas le reprocha a Sabio Triste su extraño comportamiento al no tomar la virginidad de “Delgadina”, que era como Sabio Triste llamaba a la niña para no tratarla como un ser humano real, inmanipulable y con identidad propia, sino como a un ser humano mágico, manipulable y con identidad de títere—como la de un Pinocho—. Así que este es el realismo mágico de García Márquez con el que el ganador del Nobel retuerce la realidad realmente real en la que la pederastia sí es un crimen abominable, y no una suerte de “amor loco”, como él mismo afirma.


§ 16.3. Para Rosa Cabarcas, una “mujer no perdona jamás que un hombre le desprecie el estreno” (p. 46). Estas palabras, con las que la proxeneta de Delgadina reprocha al Sabio Triste por no penetrarla, son por completo reprochables, pues nos hacen creer, de manera crudísima, que una niña inocente se sintió mal por no haber sido violada; y, como si fuera poca la inmoralidad de este reproche, éste se expande todavía más cuando Rosa Cabarcas le dice al Sabio Triste que era verdad el miedo de la niña “a las violaciones sangrientas [durante su primer encuentro], pero [que ahora] ya estaba instruida para el sacrificio” (p. 49). ¿Cuánta maldad hay que tener en el corazón para afirmar, con la excusa del realismo mágico, que una niña puede estar instruida y preparada para ser violada?


§ 16.4. Luego de la primera violación de Delgadina, romantizada tras la creencia falsa de que el Sabio Triste no la violó, sino que la trató con amor, porque sólo la tocó, mas no la penetró, la niña de catorce años, empobrecida y de piel morena, es decir, totalmente vulnerable por su condición social, económica, y racial, vuelve a ser violada de la misma manera por el Sabio Triste, esto es, drogada y mediante tocamientos libidinosos, así nos no lo narra García Márquez: “habían tenido que aumentarle la dosis de valeriana, pues dormía con tal placidez… De modo que empecé a secarla con la toalla mientras le canta en susurros… Delgadina, Delgadina, tú serás mi prenda amada…” (pp. 57-58).


§ 16.5. Luego de esta segunda violación, el Sabio Triste trae a colación, de manera muy poética, uno de los “justificantes”—que en últimas es un vil autoengaño—más usados por parte de los pederastas consumados, a saber, que “la edad no es la que uno tiene sino la que uno siente” (p. 61), en otras palabras, que para el amor no hay edad. No obstante, ¿por qué es tan popular y, en cierta medida, tan aceptado por el pueblo este justificante o autoengaño pederástico? Basta examinar las vidas de nuestros abuelos, bisabuelos, y tatarabuelos, para descubrir la razón: los matrimonios asimétricos. En efecto, si indagamos por la historia de nuestras familias, pronto hallamos varios casos—o al menos un caso—de matrimonios entre hombres mayores de edad y mujeres menores de edad; y es a partir de esta constatación histórica, que la mayoría del pueblo tiende a normalizar las relaciones sexoafectivas de índole asimétrica, sobre todo si se trata de parejas mayores de edad, normalización que termina siendo aprovechada y distorsionada por los pederastas para justificar lo injustificable.


§ 16.6. Sin embargo, ¿las relaciones sexoafectivas asimétricas siempre han sido normales? ¡No! Ya los antiguos helenos, de los que todos somos herederos, habían caído en la cuenta de su injusticia intrínseca, por ejemplo, este pasaje del Simposio de Platón, hallamos que Eros, la divinidad del amor-sexual, rechaza, por naturaleza, las relaciones sexuales y afectivas de índole asímetrica: “Eros la odia por naturaleza [a la vejez] y no se le aproxima ni de lejos. Antes bien, siempre está en compañía de los jóvenes y es joven, pues mucha razón tiene aquel antiguo dicho de que lo semejante se acerca siempre a lo semejante” (Platón, Simposio, 195b).


§ 16.7. Que nos quede a todos claro: lo normal son las relaciones sexoafectivas simétricas, es decir, aquellas en las que las parejas sean lo más semejante posibles, no sólo en edad, sino en todos los aspectos fundamentales que dan forma a un ser humano, como su origen, su crianza, su cultura, y su educación, mientras que lo anormal son las relaciones sexoafectivas asimétricas, así estén permitidas por la ley; y la razón es simple: la idea de lo bueno en sí mismo se halla en las primeras, mientras que su fantasma, esto es, lo malo, se halla en las segundas; y sólo lo que participa de la idea de lo bueno en sí mismo puede ser medida, regla, ley, o norma, al ser digno y capaz de mimetizar su idealidad, la de ser norma de normas, ley de leyes, regla de reglas, medida de medidas. En otras palabras—más simples y sintéticas—: el bien es la medida absoluta, y todo lo que mimetice su ser, participará de su poder.


§ 16.8. Ahora bien, para Rosa Cabarcas, la proxeneta de Delgadina, las relaciones sexoafectivas normales son las asimétricas: por eso no hesita en reclamarle, por segunda vez, y sin ningún tipo de vergüenza, al Sabio Triste que “No podía entender que hubiera vuelto a pasar la noche con la niña sin tocarla” (García Márquez, 2014, p. 62), es decir, sin penetrarla, porque el texto nos desvela que sí hubo otro tipo de tocamientos de índole sexual; pero, de nuevo, como se trata de una romantización de la pederastia, estos tocamientos son suavizados como si se trataran de las caricias o los abrazos de un ser amado, cuando en realidad nunca lo son. En efecto, digámoslo con contundencia: ¡todo tocamiento sin consentimiento, y fuera de una relación simétrica, es violación! Tal como esto, la tercera violación del Sabio Triste a Delgadina: “vi a Delgadina en la cama como en mis recuerdos: desnuda y dormida en santa paz del lado del corazón… Me acosté a su lado y la reconocí palmo a palmo” (2014, p. 63).


§ 16.9. Tristemente, las violaciones del Sabio Triste a Delgadina continuaron de manera sistemática, incluso durante su natalicio. Así nos lo confiesa la máscara tras de este nonagenario pederasta, esto es, Gabriel García Marquez: “La noche de su cumpleaños… la besé por todo el cuerpo… la espina dorsal, vértebra por vértebra, hasta las nalgas lánguidas… ella me respondió con vibraciones nuevas en cada pulgada de su piel… y sus pezones se abrieron en flor sin tocarlos” (p. 72). Aquí aparece otro “justificante” o autoengaño pederástico bastante común: si el niño o niña siente placer, no es violación, porque si lo fuera, debería sentir dolor.


§ 16.10. Este “razonamiento” o, mejor dicho, sofisma, ha confundido históricamente a la mayoría de las comunidades humanas alrededor del globo terráqueo, sobre todo a aquellas en las que impera la ideología de la izquierda radical, pues de sus corrompidos senos han surgido todo tipo de grupos de degenerados que han intentando subvertir las buenas leyes que protegen la dignidad de los menores de edad para, así, instaurar un supuesto “derecho de los niños a sentir placer sexual”.


§ 16.11. Un caso explícito de este tipo de subversión pederástica aconteció en la Francia de 1977. Fue entonces que un gran número de “autoridades” francesas, entre las que destacan los filósofos Louis Althusser (1918–1990), Roland Barthes (1915–1980), Simone de Beauvoir (1908–1986), Gilles Deleuze (1925–1995), Jacques Derrida (1930–2004), Michel Foucault (1926–1984) y Jean-François Lyotard (1924–1998), firmaron una infame carta exigiéndole a la Comisión de Revisión del Código Penal francés descriminalizar la siguiente conducta: “cualquiera, ya sea menor o mayor de edad, que haya practicado o intentado practicar una relación sexual con un menor de 15 años, comete un crimen” (Archives Françoise Dolto, 1977). Ahora bien, la supuesta “razón” para abolir este crimen es que su criminalidad está fundamentada en una legislación que desconoce “el consentimiento del menor [de edad para entablar relaciones sexuales]” o la “libertad del adolescente para establecer relaciones [sexuales] con las personas de su elección” (1977), en otras palabras, una legislación que desconoce el “derecho de los niños a sentir placer sexual”.


§ 16.12. ¡Pues claro que un ser humano, sea niño, sea adolescente, sea adulto, sea anciano, al ser tocado puede sentir placer o dolor, pero de ahí no se sigue que esté gozando dulcemente de un placer verdadero o soportando amargamente de un dolor verdadero! ¡Malditos pederastas! ¡Maldito Michel Foucault! ¡Maldito García Márquez! ¡Maldito Sabio Triste! ¡Maldita mala literatura! Maldita romantización de la pederastia que nos hace creer que esto es normal: “Me sentía tan feliz, que la besaba en los párpados, muy suave, y una noche [tras múltiples noches de violaciones] ocurrió como una luz en el cielo: sonrió por primera vez” (García Márquez, 2014, p. 76). Así que todo el tiempo Delgadina estuvo sintiendo, en contra de su voluntad, esto es, dulceamargamente, un placer falso mezclado con un dolor verdadero: no estaba haciendo el amor, estaba siendo violada, por eso no sonreía. Empero, ¿por qué, luego de ser violada sistemáticamente, ahora comienza a sonreír? Porque es la sonrisa del que ha llorado tanto que, al borde de la locura total, ahora prefiere sonreírle a la adversidad.


§ 16.13. Ahora bien, ¿los niños son dignos y capaces de discernir con gran precisión los placeres y dolores falsos de los verdaderos? No, no lo son, ni nunca lo serán sin la ayuda de un paradigma moral que los guíe, ya que esta diferenciación exige un alto grado de madurez que muy pocos seres humanos consiguen alcanzar—esto último nos es todavía más evidente si caemos en la cuenta de que muy pocos de nosotros conseguimos diferenciar, por ejemplo, el placer falso de las comidas con altos índices de azúcar, de sal y de grasa, del placer verdadero de las comidas saludables—. Así que los niños, mientras sean niños, no son libres de elegir una pareja sexual—¡ni siquiera de su propia edad!—, porque para elegir con libertad hay que ser digno y capaz de discernir con precisión lo verdadero de lo falso, discernimiento que implica, a su vez, discernir lo bello de lo feo, lo justo de lo injusto, en suma, lo bueno de lo malo.


§ 16.14. Nunca lo olvidemos: la esencia de nuestra libertad consiste en elegir en todo tiempo, modo, y lugar, un único, justo, bello, y verdadero, camino, cuyo ser no se desvía ni hacia la izquierda, ni hacia le derecha, ni tampoco hacia un intermedio entre el sendero diestro y la trocha siniestra, porque este es el camino del bien absoluto, que es siempre y por siempre uno y el mismo y más allá de todo dualismo metafísico. Con esto bien fijo en nuestras memorias, regresemos de inmediato a nuestra presente tarea, a saber: exponer con claridad y precisión en qué consiste la inmoralidad del mal que la mala literatura justifica y normaliza por no escuchar la crítica de la buena filosofía a través de la romantización de la pederastia en la novela de Gabriel José García Márquez ‘Memorias de mis putas tristes’.


§ 16.15. Conque las violaciones sistemáticas del Sabio Triste a Delgadina se detuvieron luego de que el prostíbulo de Rosa Cabarcas fuera cerrado por al asesinato de uno de sus grandes clientes, “J.M.B, un banquero grande, famoso por… la pulcritud de su hogar” (2014, p. 78). Sin embargo, meses después, tras la enfermiza insistencia del Sabio Triste, Rosa Cabarcas consigue que el victimario vuelva a someter a su víctima: “Delgadina en la cama estaba tan radiante y distinta que me costó trabajo reconocerla. Había crecido […] sus senos habían crecido hasta el punto de que no me cabían en la mano, sus caderas se habían acabado de formarse y sus huesos se habían vuelto más firmes” (pp. 88-89). Mas esa noche, el Sabio Triste no abusó de Delgadina, porque demencialmente infirió que la niña ya no era virgen, y que ahora era una vil prostituta. Entonces entró en cólera y comenzó a romper todo a su alrededor. Al final, dejó el cuarto del prostíbulo totalmente destruido y con Delgadina “enroscada sobre sí misma como un caracol y con la cabeza escondida entre los brazos: aterrada pero intacta” (p. 90). ¿Aterrada pero intacta? Con esta última descripción, el Sabio Triste, es decir, la máscara pederástica de García Márquez, nos confirma su total insensibilidad ante toda la violencia psíquica a la que ha sometido a Delgadina, a la que no hesitó en llamar “puta” (p. 89), sólo porque su cuerpo se estaba desarrollando de niña a mujer.


§ 16.16. Hacia el final de su abominable novela, García Márquez nos revela que el Sabio Triste fue “iniciado por la fuerza en las artes del amor poco antes de [sus] doce años” (p. 104), por una aventajada prostituta llamada ‘Castorina’, en otras palabras, que el Sabio Triste, es decir, con gran probabilidad, García Márquez mismo, no era sólo un pederasta victimario, sino también una víctima de pederastia. Mas, ¿qué espera García Márquez de esta última revelación, que nos apiademos de la monstruosidad del Sabio Triste y de él mismo? Señoras y señores, la pederastia es un acto del mal radical y, por lo tanto, no tiene justificación alguna. En efecto, intentar dar razones del mal radical es equivalente a intentar sentir, pensar, decir y mostrar el instante justo antes de la nada, porque esto es el mal radical: la última chispa del ser antes de su extinción en la nada.


§ 16.17. Que nos quede bien claro esto: es verdad que muchos—quizás más de la mitad—de los abusadores de niños han sido a su vez abusados durante su niñez, mas de este terrible hado no se sigue que los pederastas cuenten con una suerte de justificación de sus abominables actos, como si estos se explicaran por la ley primitiva del ojo por ojo o, en este caso, de la violación por violación. No caigamos, pues, en la manipulación psicológica de los pederastas, por más lastimera que sea la historia tras su terrible hado, no debemos sentir ningún tipo de piedad por ellos y ellas, sino un profundo anhelo de justicia absoluta para que reciban la máxima lección humana, cuya esencia no mora ni en la cadena perpetua ni en la pena capital, sino en lo que supera a todas las condenas humanas. Así es, los pederastas no merecen ser encarcelados, porque esto es equivalente a darle techo, lecho y alimento al mismísimo demonio durante décadas o durante toda la vida y, lo que es peor, ¡con nuestros propios impuestos!, ni tampoco merecen ser ejecutados, porque esto nos envilecería, pues ya no habría un perpetrador, sino dos. ¿Cuál es, entonces, el misterioso nombre de la máxima lección humana que merecen todos los pederastas? Este es su nombre: ‘autoeutanasia’.


§ 16.18. Ahora bien, la autoeutanasia no sólo es la máxima lección humana que merecen recibir los pederastas, sino también todos los más grandes criminales. Esto se debe a que en su esencia también se halla la última oportunidad que tienen los seres humanos caídos en el mal radical para realmente redimirse con sus víctimas. En efecto, no hay mayor bien que pueda ofrecer quien ha cometido el mayor mal, que su retorno voluntario, pacífico, e indoloro, al no ser. En la actualidad, ninguna comunidad humana aplica la autoeutanasia, es decir, no existe ningún pueblo que garantice y ofrezca, no sólo a los pederastas, sino a todos los más grandes criminales, el derecho fundamental a un fármaco indoloro y mortífero que les ayude, no a suicidarse—¡porque la autoeutanasia no es suicidio!—, sino a pasar del ser al no ser para que, así, con su ausencia, reine la presencia del bien común para todos. No obstante, auguramos que, cuando el derecho a la autoeutanasia comience a regir de forma fundamental entre las comunidades humanas—lo que a su vez implica el surgimiento de los pueblos gobernados por el legendario político dialéctico—, entonces brillará, con una luminosidad nunca antes contemplada por el tercer ojo humano, la idea de la justicia en sí misma.


§ 16.19. Finalmente, luego de la última violación a Delgadina por parte del Sabio Triste (p. 108), García Márquez nos ofrece la cereza—llena de cianuro—del pastel de su romantización de la pederastia, mediante el siguiente comentario de Rosa Cabarcas, la proxeneta alcahueta: “Ay mi Sabio Triste, está bien que estés viejo, pero no pendejo—dijo Rosa Cabarcas muerta de risa—. Esa pobre criatura [Delgadina] está lela de amor por ti” (p. 109). Conque nunca hubo violación, es decir, un violento abuso psíquico y somático, porque una inocente niña de 14 años estaba profundamente enamorada de un viejo pervertido de 90 años. ¡Ah! Perdone usted, señor pederasta, se nos había olvidado que para el amor no hay edad. Siga tranquilo con su idilio de amor, señor pederasta, que nosotros, el pueblo justo, decoroso, y veraz, no haremos nada para impedir semejante hermosura, cuyas locuras son perdonadas hasta por los seres divino… ¿Será que esto es lo que esperan escuchar los pederastas cuando nos salen con la gigantesca mentira de que sus víctimas no son víctimas porque están enamorados de ellos? Al mal radical no hay que escucharlo, porque sus palabras, aunque estén articuladas, sólo expresan el más grande de los desarticulados sinsentidos.


§ 16.20. De modo que, cuando el mal radical hable, debemos responderle, no con nuestra escucha, sino con la autoeutanasia; y no debemos temer que esta sea la respuesta, porque, si somos justos, decorosos, y veraces, jamás la recibiremos. Pero si, por desgracia, caemos en la injusticia, la fealdad, y la mentira, debemos ser conscientes de que esta es la mejor respuesta que podríamos recibir, pues nuestra terrible enfermedad psicosomática, es decir, el mal radical, sería curada por las suaves manos de Hipnos—el sueño mortal e indoloro—, y no por las duras manos de su hermano gemelo, Tánatos—la cruda y dolorosa muerte—. Cuidémonos, pues, de aquellos que buscan rehabilitar a los seres caídos en el mal radical en nombre de los derechos humanos o en nombre de Dios, ya que, o son seres humanos cándidos que ignoran lo realmente humano y divino, o son seres humanos envilecidos que temen ser atrapados, tarde o temprano, por la justicia. No dejemos, pues, de sospechar de todos los que abrazan, sin pudor ni temor, a los más crueles criminales, es nuestro deber desenmascararlos y exponer sus envilecidos rostros ante el gran tercer ojo del mundo: X.

§ 16.21 Pues bien, luego de haber recorrido los nueve círculos del infierno de la pederastia, que García Márquez hace pasar por nueve esferas celestiales del amor, ya hemos expuesto con total precisión y distinción cómo su novela ‘Memoria de mis putas tristes’ romantiza la pederastia; y con ello, asistimos a una descaradísima justificación y normalización de la inmoralidad del mal, porque en ningún momento García Márquez nos mostró al Sabio Triste como lo que realmente era, esto es, como un Ignorante Pederasta. En efecto, García Márquez buscó por todos los medios hacernos creer que un amor entre una niña de 14 años—empobrecida, sin educación, y de piel morena—y un viejo de 90 años—rico, educado, y de piel, tal vez, clara, que paga para violarla después de dormirla con pócimas—, es una realidad “mágica” totalmente normalizable.


§ 17. El día 7 de noviembre de 2024 fue lanzada la canción ‘+57’—este es el indicativo telefónico para llamar a Colombia—por varios de los máximos exponentes de la música actual, los colombianos Karol G (1991), Maluma (1994), Ryan Castro (1994), Ovy on the Drums (5 de enero de 1991), y J Balvin (1985). En esta canción, potenciada por los adictivos ritmos del reguetón, hallamos la siguiente letra: “Y aunque esa bebita tiene dueño, ella sale cuando quiera|La nota está subiendo y ella perreando esa borrachera | Pasa el chorro boca a boca, lo enrola y lo prende | Y si le preguntan que si tiene novio, depende (wow) | Aquí lo que hay es exotic, pepa', guaro, Hpnotiq | Un parche rela, te ofrezco something | Pa' tomar, estás voladita, no te van a pillar | Una mamacita desde los fourteen”. Pues bien, la letra de esta canción provocó una gran controversia, no sólo en Colombia, sino en todo el mundo hispanohablante—y, quizás, más allá—, debido a la frase ‘Una mamacita desde los fourteen’ que incita, sin pudor ni temor, a la sexualización de menores de edad.


§ 18. ¿Ya despertaron al día diurno de la verdad transparente o todavía siguen dormidos en el día nocturno de la verdad aparente?… Para el Sabio Triste, es decir, para García Márquez, Delgadina también era una mamacita desde los catorce años,¡que es justo su edad en la novela!… ¿Ya cayeron en la cuenta de cómo la mala literatura, muchas veces potenciada con la siempre inocente música, justifica y normaliza la inmoralidad del mal? Abran, pues, su tercer ojo, el que capta dialécticamente la diferencia entre el bien y el mal, y no tengan miedo de enviar al olvido a la mala literatura y sus malos literatos, ¡así se trate de García Márquez! Tenemos que ser valientes: merecemos una literatura buena, justa, bella, y verdadera, ¡aunque tengamos que olvidar a mil García Márquez!

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