Más allá del dualismo político de derecha e izquierda
- Dialéctico

- 3 dic 2025
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§1. La razón por la que históricamente ser de izquierda es siempre ser parte de la minoría es porque esta ideología política justifica su verdad a partir del principio del placer, a diferencia de la derecha, que fundamenta la verdad a partir del principio de realidad, de ahí que históricamente ser de derecha es siempre ser parte de la mayoría.
§2. En efecto, la ideología política de izquierda, al justificar su verdad a través del principio del placer, parece exitosa en el corto plazo, pero en realidad está condenada al fracaso en el largo plazo, ya que satisface las necesidades y los caprichos puramente inmediatos sin prever las consecuencias venideras de estas dos satisfacciones, pues el éxtasis que estas mismas producen enceguece prácticamente toda posible previsión, y es por esto que la mayoría de adolescentes irresponsables, y de adolescentes eternos doblemente irresponsables, militan en la izquierda; mientras que la ideología política de derecha, al fundamentar la verdad por medio del principio de realidad, parece severa en el corto plazo, pero en realidad está proyectada al éxito en el largo plazo, ya que regula la satisfacción de las necesidades inmediatas y, a la vez, reprime la satisfacción de los caprichos inmediatos, previendo, así, sus consecuencias venideras, y es por esto que la mayoría de adultos responsables participan en la derecha.
§3. Pues bien, así como la vida misma nos muestra que cada ser humano particular vive más en el acierto que en el desacierto existencial, así mismo la historia misma nos muestra que la humanidad entera convive más en el éxito que en fracaso coexistencial, en otras palabras, la mayoría de nosotros, los seres humanos, vivimos más en el acierto que en el desacierto individual y, debido a esto, convivimos más en el éxito que en el fracaso comunal, si esto no fuera así, no seríamos en el ahora en el que somos, ni estaríamos en el aquí en el que estamos, es decir, no nos hallaríamos tempóreoespacialmente en nuestro bien común actual.
§4. Así que es estas dos evidencias, una de naturaleza vivencial, y la otra de índole histórica, nos prueban que ser de izquierda es siempre ser parte de la minoría, ya que, en últimas, esta ideología política amasa la menor cantidad de seres humanos que tienden de manera individual y colectiva al fracaso, debido a que cojean irresponsablemente sobre la ruidosa y llamativa trocha empedrada con el principio del placer, mientras que ser de derecha es siempre ser parte de la mayoría, ya que, en últimas, esta ideología política reúne la mayor cantidad de seres humanos que tienden de forma personal y comunal al éxito, debido a que marchan responsablemente sobre el silencioso y anodino sendero adoquinado con el principio de realidad.
§5. No obstante, ¿por qué fracasa la derecha si es teóricamente tan exitosa, abriéndole, así, el tiempo y el espacio a la izquierda, que es teóricamente tan fracasada? Porque la derecha, a pesar de no ser propensa a la corrupción, ya que es una ideología política que reúne a los seres humanos más responsables, es decir, a los adultos funcionales, no es inmune a lo corrupto, la izquierda, por cierto, tampoco es inmune a la corrupción, pero sí es propensa a lo corrupto, ya que es una ideología política que reúne a los seres humanos más irresponsables, esto es, a los adultos disfuncionales—también conocidos como ‘adolescentes eternos’—.
§6. ¿Es, pues, la inmunidad a la corrupción una fantasía política? No lo es, ya que hay un camino político que es inmune a toda corrupción posible; un camino maravilloso que supera en dignidad y en potencia tanto al sendero adoquinado por el principio de realidad de la derecha, como a la trocha empedrada por el principio de placer de la izquierda—y por supuesto al aporético camino fantasmal del centro, que es una pseudoideología política que pretende combinar lo mejor de la derecha con lo mejor de la izquierda, una misión imposible, pues estas son ideologías semejantes al agua y al aceite—. Así es, este camino político, melodioso y luminoso, es el camino de la política dialéctica que fundamenta la verdad verdaderamente verdadera mediante el único principio que merece ser llamado como tal, a saber, el principio del bien en sí mismo.
§7. Empero, ¿por qué la mayoría de los seres humanos no nos hemos aventurado a caminar sobre semejante maravilla? Porque la política dialéctica implica, dicho en palabras metafóricas, atrevernos a abrir nuestro tercer ojo—el que capta el sacro espectáculo de las ideas en sí mismas—, ya que sólo así seremos dignos y capaces de contemplar de forma sinóptica el principio, el medio y el final del maravilloso camino de la política inmune a toda corrupción posible para, así, caminar sobre el mismo sin temor ni temblor; mas, ¿cómo logrará el pueblo abrir su tercer ojo, si a duras penas ve con uno?, mejor dicho, ¿no es esta aventura una suerte de utopía política? No lo es, ya que el pueblo abrirá miméticamente su tercer ojo cuando por fin vea a sus más destacados líderes transformarse en políticos dialécticos dignos y capaces de ir más allá del dualismo político de derecha e izquierda.

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